Y si solo me atreviese a admitir lo que me atormenta algunas nostálgicas noches, si solo gritara esas palabras que, fugaces, cruzan mi mente; si solo me dejara de síes y solos… Esta llamada que nadie oirá es lo que ahora mismo suplican mis manos, mis ojos, este boli sobre el papel. “Escúchame”, quiero gritar, “siénteme, óyeme, mírame, tócame, háblame, explícame, ayúdame, abrázame, quiéreme, demuéstralo y sobre todo no me ignores”. Porque tras estas silenciosas palabras estoy yo. A veces desearía
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