Al comienzo de todo ni siquiera había un principio, jamás hubo una línea, tampoco hubo un inicio.
Podía ver sin tener ojos, escuchar sin tener oídos, tocar lo intocable, sentir la nada y a la vez no sentir nada.
De aquel entonces jamás hubo un ayer o un mañana, yo era todo y a la vez nada.
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