Lluna sigue jurando ver dragones y batallar contra fieros enemigos pese a haber alcanzado la edad suficiente como para cursar bachillerato. Esta distorsión fantástica de la realidad provoca que los de su entorno se burlen de ella o intenten obligarla a crecer de una vez. Sus padres, preocupados, la llevan a una psicóloga que solo parece empeorar su estado y que la perturba visiblemente, a la que ella se refiere como la "gorgona". Lluna vive cada día el tormento de ser rechazada por los demás sin entender por qué no pueden dejarla vivir tal y cómo es, cuando conoce a Gonzalo, un chico del bachillerato de artes que parece ser el único al que su peculiar visión de la vida no le causa aversión. Bajo la insistencia de Julio el Juglar, quien es también su tutor, permite a Gon, como lo llama ella, convertirse en su fiel compañero de aventuras. Esta amistad abre los ojos de Lluna a una manera de ver el mundo totalmente nueva para ella, en donde la fantasía que tanto ama no es un delirio infantil sino una opción más.
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