Llueve...
Arrastro los pies como un autómata, un paso tras otro. Cada día, cada semana, cada lustro…
la misma idiosincrasia.
El repiqueteo en mi capucha revuelve mis pensamientos, y no quiero. Ahora no. ¡Dejadme!
No quiero pensar en nada.
Llueve...
¿Por qué salí de casa? Ya me acuerdo, necesito respirar. Me ahogo, en un fango viscoso de mediocridad y sueños rotos.
Sueños que me martillean el cráneo, me acosan y me señalan con el dedo. ¿qué me queréis ahora? Ya no tengo edad ni tiempo par
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0