Katherina Capuleto siempre fue la chica que se restregaba así misma, de que no servía para esas cosas “del amor”, se dio por vencida cuando su corazón que fue expuesto en confianza, fue aplastado con desdén. La desconfianza la envenenó dejándola en una soledad, en que ella misma se sentía incómoda, tratando de distraer esas emociones, en un empleo que la tenía insatisfecha. Hasta que unos luceros azules llenos de lujuria se interpusieron en su camino, trayéndole aquello que tanto temía. El entregar su corazón sin desmedida.
¿Podrá ella vivir con la idea de que su tacto es lo esencial? ¿Cuánta desgracia y pasión traerá el renacer de unos sentidos?
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