Ocurrió en un control de alcoholemia de la provincia de Soria. El Sargento de la Guardia Civil pide a nuestro protagonista que sople en el alcoholímetro, y éste, lejos de conseguirlo, se caga encima.
El Sargento, al que nunca le había pasado esto, interpretó este gesto como una falta de respeto hacia su persona y el benemérito cuerpo, y además, como que estaba tan borracho que no podía aguantar los esfínteres. Por todo ello, le endosó una multa a nuestro “suelto” conductor de 600 euros, sin red
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