París siempre ha sido la tierra de la fantasía para Antonia.
Su vida perfecta encuentra en aquella ciudad la materialización de todo lo que siempre soñó vivir. Allí es feliz como bajo ningún otro cielo, o por lo menos así solía ser cada vez que visitaba aquellas calles. En esta ocasión la ciudad de las luces le prepara una sorpresa que jamás esperó, al hacerse cómplice de su marido en una demanda de divorcio poco ortodoxa.
Un correo electrónico que no esperaba tener que leer en su vida, una tormenta que se despeña sobre ella, amenazando con ahogarla, un robo que la deja con lo puesto frente a su vida que se cae a pedazos. Perdida y sin dinero Antonia cree que su vida se ha terminado.
Su público en el metro suele abandonarlo cada vez que un tren para en la estación, sin embargo la mujer al fondo del anden ni conecta con su música ni presta atención a los trenes que llegan y parten.
Olivier sabe que ella, al igual que él, necesita ayuda; es como si ninguno de los dos supiese a dónde ir y hubiesen acabado refugiados en ese anden ocultándose de todos los sitios en los que podrían estar. Al menos es así para él aunque pretenda que aquel espacio es su lugar y que aquella vida es exactamente lo que quiere.
Él no puede ignorarla ni a ella ni a sus lágrimas porque… ¿y si aquella desconocida es su salvación para no sucumbir a los recuerdos que evocan de los días que están por venir, ni al miedo que le provoca el futuro?
Una vida que todavía no comienza, otra que cree que está acabada, un encuentro inesperado, una pasión que despierta a dos corazones dormidos, dos historias que nada tienen en común y una única esperanza de la que ambos se aferran para poder seguir adelante: descubrir quienes son en realidad.
Cuando no importa el idioma, la edad, la profesión, ni el pasado, “Lo que somos” el viaje de dos vidas hacia el destino que todos deseamos alcanzar.
¿Será París el escenario de una realidad impensable para Antonia y Olivier?
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