La saturación de los servicios, ha facilitado en parte que los profesionales se vean superados por el estrés, lo cual los ha situado en una posición de débil autoconcepto y autoestima. Si tenemos en cuenta que diversos estudios como el de Sprang, Clark y Whitt (2007) resaltan que, a mayor sensación de satisfacción percibida por el profesional en su desempeño, conduce a un menor desgaste; debido esto a una mayor percepción de autoeficacia. El tener tiempos para poder preparar sesiones y descansar entre ellas, ofrece la posibilidad de conformar y adecuar los recursos metodológicos suficientes para afrontar los problemas de salud de los usuarios.
Para prevenir el desgaste que supone el trato directo con pacientes con un alto nivel de sufrimiento, es imprescindible un correcto autocuidado de los profesionales de la salud. Autores como Sansó et al. (2015) afirman que para que este se realice de forma adecuada, deben incluirse herramientas como la relajación y la actividad física; atender a los procesos de regulación y expresión emocional y manejo de pensamiento automáticos negativos y ampliar y mantener relaciones interpersonales satisfactorias.
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