12 DÍAS PARA MORIR. «Nada como el flujo». «Nada como el flujo. Nada como sentir cómo los rayos del sol penetran por los espacios de las persianas venecianas, de sus láminas blancas de aluminio. Sentir, palpar, experimentar el placer de dar vueltas en la cama, húmeda, y a la vez caliente de mi propio calor, de mi propia fogosidad, por haber yacido. La mañana irrumpió en mi habitación con brutalidad, pero, al mismo tiempo, rozando, acariciando lentamente, sobando mis mejillas con la delicadeza que
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