Entonces el aire había subido su precio, la cartera continuaba vacía, ella sostenía la pistola sobre mi labio inferior, y alrededor, todos respiraban con tranquilidad. Yo, en cambio, me asfixiaba. La oscuridad me obsequiaba claridad, el vacío multitud, y el ahogo ingenio. Ella era una lectora de las que me atrevía a denominar inexistente. Desnuda, exhibía una piel […]
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