Llega por fin la taza de café humeante. Vierto el azúcar de coco y lo remuevo con la cucharilla. Un sorbo, luego otro. Poso la taza nuevamente en la mesa. La miro de reojo, agarro el pequeño asa y tomo otro sorbo. Al soltar la taza la alejo un poco más y trato de olvidarme…
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