Dícese de un caballero cargado de sueños,
ataviado con botas y sombrero,
esperando en la puerta a su amada,
para su admiración y futuro cortejo.
Tal fue su impresión al verla,
que no cesó hasta poseerla.
Bien parecida era la bella dama,
sencilla, ingenua, y hasta educada;
que sin rechazar a este caballero,
lo hizo suyo,
con la fuerza y el gesto de su dedo.
Ni botas, ni demás abalorios conservó,
al distraerse en sencillas minucias,
se abandonó.
A la mala suerte le dio la mano,
y uniéndose a e
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