Siempre se dice de la selva amazónica que es el pulmón del mundo. Y la farmacia. Esa selva impenetrable, cambiante y su fulgor esmeralda, tan diferente a la llanura. Aquí, donde solo hay horizonte, es difícil concebir un espacio en continua palpitación. Es un remanso, un paisaje en pausa. La selva, en cambio, se transforma a cada instante. Mi tierra parece un decorado, un telón pintado de añil. En la selva, aún cuando la lluvia cae con una densidad que impide ver un metro por delante, la vegetac
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