Ella ha tomado su decisión, sin titubear, al menos aparentemente. Abrió el armario de su habitación y buscó a su derecha el compartimento que abría el falso techo. Allí la casualidad formó un pequeño santuario con las cosas que quería conservar. Entre los billetes y las monedas, relucían las sortijas y pulseras de oro, joyas de todo tipo, pequeños espejos y demás tesoros. Apresuradamente, arrojó dentro de un neceser todo lo que contenía, guardándolo a su vez en una pequeña bolsa, junto con unos
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