Ella permanece sobre la acera observando, con la mirada perdida a un lado y a otro, cómo pasan los coches, casi ni la ven. Ataviada con su abrigo de pieles solo hace que escuchar: “Navidad, Navidad, dulce…”. Está harta de esa dichosa música, desea que acaben ya estás fiestas. Mucha lucecita, mucho adorno, mucha Nochebuena, pero para ella es una noche más. Fría, solitaria y con ganas de regresar a casa. Hoy todos pasan de largo, solo desea que pare uno y ya está. Entonces por fin se detiene un
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