El ritmo en la estación era extraordinariamente lento. La taquillera tardaba un siglo en despachar a cada cliente. No parecía muy complicado; saludo, destino, precio, pago, despedida y gracias. Conforme me acercaba a la ventanilla, comprendí el motivo: la joven empleada atendía al público mientras hablaba por teléfono. Era muy guapa, pese a lo feo [...]
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