Cuando Esperanza rodeada de sus hermanas y sobrinos se adentraron en el agua para tirar las cenizas de su madre al mar, no se podía imaginar lo que la vendría encima.
Ella sabía que su madre no habría querido aquello, tenía pánico al agua, pero también sabía que si la enterraban, tendría que ser ella la que se preocupara de adecentar su tumba, ya que sus hermanas vivían fuera.
Caía una tarde del mes de septiembre, era un atardecer tranquilo, la playa estaba casi desierta, el mar en calma. Hici
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