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10108 results found for tag:"prosa".
2405228058921
La mente en blanco
05/22/2024
Edelmira
http://valentina-lujan.es/A/Que%20es%20algo%20que.pdf que es algo que se le puede quedar a cualquiera en el momento más insospechado — estaba diciendo un señor grueso, de aspecto bonancible, en la mesa de al lado a la mujer seria, de mirada triste, que lo acompañaba. Y que en tales casos lo más importante es no dejarse ganar por el desánimo, alentar a la imaginación a tirar para adelante… – No. Ya. Sí. Si eso lo entiendo — suspiró, lento y bajito, removiendo el azúcar del café sin lo que me pareció mucha convicción no supe, ni sé, si en sus propias palabras o en la necesidad de remover el café —, y la imaginación, tira, sí, pero… y ese es el problema… — agarró la taza del café y se la llevó a los labios, pero la retiró antes de rozarlos y la posó con un gesto inesperadamente brusco —; el problema es — había abandonado el tono suave y la mirada se había vuelto menos triste, que no dulce — que tira para adelante sí, ella, tan lista y tan resuelta, y con su propio y jodido aliento. Me gustó, lo de jodido, le daba un toque peculiar, exótico, diferente, a su aspecto elegante y abatido. Y se rio. Rio con esa risa fresca de quien de verdad está contento, no la risa amarga del resentido. – El problema, tesoro — breve pausa para con movimiento enérgico beberse el café, de un trago; el café y su vaso de agua, también de un trago; y el vaso de agua del señor grueso de aspecto bonancible, de otro trago. Que así, contado, con las comas y los guiones y los acentos parece más largo, pero fue un instante. – El problema, tesoro, es… ¿O eso ya lo había dicho? Bueno, es igual… — agarró uno con cada mano los vasos vacíos y los colocó, frente a sí, uno al lado del otro musitando esto es una guarrería de fila, si tuviese por lo menos tres… — es, te decía, que el aliento jodido que necesito no es el de… — dedicó una mirada a los vasos, idénticos, y los intercambió, el de la derecha a la izquierda y el de la izquierda a la derecha, y les sonrió —, de esa imaginación abstracta y genérica y vulgar y facilona que va a su propio jodido aire y a su propio y jodido ritmo… ¿Demasiados jodidos, tal vez?... Borra los que sobren de tu imaginación… Jodido…, vaya, lo siento, ritmo al que funciona en todas las… ¿Personas? ¿Normales? Te juro, tesoro, que hay que fastidiarse. Y se puso de pie, y echó a andar, pero antes de llegar a la puerta explicó ah, que se me olvidaba y regresó, y descolocó los vasos con mucha aplicación y, como algo accesorio o secundario, dejó caer un beso que fue dar más o menos por la sien izquierda del señor grueso y bonancible para añadir, acto seguido, ahora tengo que marcharme. Y esta vez sí llegó a la puerta, y allí giró la cabeza y, en voz alta, como si la tuviesen que oír desde muy lejos, espero haberte sido de ayuda; siempre que me necesites llámame.
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2405208043459
Carácter más bien desenfadado
05/20/2024
Las Roncero
http://valentina-lujan.es/Q/quefuemotdencar.pdf que fue motivo de numerosos y encarnizados enfrentamientos ― porque mientras sus detractores ponían peros alegando que la tinta que daba fe de la tal peculiaridad de su persona pudiera muy bien estar impregnada del afecto con que sus simpatizantes y amigos la glosaban y ser por ello, aun sin intención alguna de entrar en polémica, de calidad harto dudosa por tanto, sus defensores mantenían que “¡y un jamón con chorreras!” de eso nada; y que era una tinta tan buena, o más si cabe, como la que promulgaba el tamaño de sus zapatos ― que omitimos aquí y ahora no por voluntad de ocultación sino por tratarse de, como tan elocuentemente hubiera expresado el más leve de los movimientos de cabeza de Visitación, que en paz descanse, detalles nimios de poca entidad y ninguna importancia. (comentario superfluo hecho por alguien que, no habiendo llevado su papel bien estudiado, salió del paso un poco de cualquier manera para por lo menos no perder el turno).
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2405208042346
Quiénes somos (versión 3)
05/20/2024
El presentador de un programa
https://valentina-lujan.es/V/version3.pdf La respuesta no parece, en un principio, que pueda resultar problemática; no tiene uno, o una, o un hatajo ― o una multitud por aquello de no ningunear a género alguno de especímenes ― más que llegar y decir pues yo o nosotros o nosotras somos Fulanito de Tal, o Perenganita de Cual, o estos/as o los/as otros/as o los/as de más allá e hijos/as, todos/as y cada uno/a, de nuestros/as respectivos/as padres/as... No, mira, ahí nos hemos equivocado, pero en un alarde de humildad y de saber no ocultar nuestros errores lo vamos a dejar como está y seguir, como si tal cosa, aunque saltándonos - eso sí - las obviedades que todos damos por sentadas en lo que concierne a nuestros semejantes que, como si vamos al diccionario de sinónimos encontraremos que son "similares", o - eso también - "parecidos/as", a nosotros/as mismos/as, ¿no?, que es de quienes estamos hablando, si no hemos perdido el hilo y, por tanto, portadores/as tanto unos/as como otros/as ― aparte de "de valores eternos", que también se da por sentado y no sabemos si vamos a tener sillas para tantos/as ― de obviedades tan nada diferentes de las propias que para qué repetirlas, nosotros, por puro sentido común y del ahorro, nos atenemos a la más estricta de las lógicas y no las repetimos… ¿O sí lo hemos perdido? El hilo, que sería lo grave; porque el sentido común ― ¡una cosa tan corriente! ―, cuánto ni qué puede importar cuando, además, nos queda el propio, de infinitamente mayor enjundia y entidad. Y si lo hemos perdido, Dios no lo quiera, sí que la habremos liado porque nos pasará como, hace apenas unos días sin ir más lejos, nos sucedió a nosotros en nuestras propias carnes mortales cuando buscando… pues qué podía estar siendo, que así al pronto no caemos… Bueno, pues no sabemos, pero un destornillador... ¿Qué estábamos diciendo? Ah, ya: que para coger la pinza de la ropa con que sujetar el estor averiado del cuarto de estar y poder así abrir la ventana… Pero tampoco vamos a extendernos en eso porque, nos figuramos, quien más quien menos ya cuenta con sus trucos propios para abrir sus ventanas. Además, la ventana la terminábamos de cerrar; así que, la pinza… Bueno, mira: es igual. El caso es en resumidas cuentas que fuera por la razón que fuese buscábamos algo y derramamos, sin quererlo, la copa de algún néctar repuntado que nuestra memoria se obstinó en despertar como ambrosía… Así: sin esperarlo. La dejamos hacer ― a la memoria ― y, con deleite, lo aplicamos con las yemas de los dedos en las sienes, y en el cuello, y detrás de las orejas y en la frente, y aspiramos el olor evanescente del antaño mientras se demoraba ella por entre los jirones de las tardes ociosas en que, lejos de los lugares más o menos comunes que hoy se nos figuran tan exóticos, lejos también de sospechar siquiera que pudiera existir un “mañana” distinto de aquellos que se desperezaban en amaneceres tan iguales, éramos algo que, por cierto, la última vez que alguien lo mencionó ya dio problemas porque ― la más corpulenta de las Ribagorza ― que pero, bueno, eso es muy elástico… – ¿Elástico? ― Doña Regla ― ¿Cómo cuánto exactamente de elástico? –Como muchíssssimo― acompañando su ese tan larga, la otra, con un movimiento amplio y lento de la mano. – ¡Vaya por Dios! ― cabeceando ésta como quien se contiene para no exclamar ¡lo que hay que oír! Y, girándose a su propia hermana ―: ¿Qué te parece? Y la hermana se limitó a ladear un poquito la cabeza y volverla a enderezar como queriendo dar a entender ea. –Ea ― doña Regla ―, no; Belisaria. – Pero, ¿cómo ― la Ribagorza ― que ea, no? –Pues como que no, sencillamente. –Mira, Regla, yo tengo mucha, pero que muchísima correa, pero, si hay algo que verdaderamente me molest…
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2405208038929
Después de andar toda la noche en vela
05/20/2024
Tía Gregoria
http://valentina-lujan.es/D/despu%E9s%20de%20andar.pdf después de andar toda la noche en vela dando vueltas a qué alegar por esa manía tan tonta que tengo de que no me gusta mentir hasta que amaneciendo ya casi me di cuenta de que en realidad no era mentira porque que yo olvidase algo, con esta cabeza tan malísima que tengo, no tenía nada de increíble y, lo del banco — que lo mismo podía estar siendo del parque del Oeste o de la Castellana, porque recuerdo que aquella semana me había dicho que le tocaba correturnos, así que no sé con exactitud dónde lo encontraría — era punto cardinal arriba o abajo en esencia verdad. Así que me terminé durmiendo con la conciencia tranquila aunque eso sí a las tantas, y luego me levanté malhumorada por la falta de sueño y mi marido me dijo se puede saber qué te pasa, y yo le dije pues nada que querrás que me pase, y él dijo no sé pero te estás comiendo muchísimas comas como siempre que estás enfadada. Y estuve tentada de decirle es que he dormido mal intentando inventar una mentira porque se habría alegrado el pobrecillo, tanto como me anima, de que lo hubiese conseguido aunque fuese con un poquillo de trampa; pero entendí que no le podía decir algo así ni aunque lo estuviese haciendo por él porque para qué entonces me había yo pasado la noche en vela discurriendo cómo hacerme con el libro que él se empeñaba siempre tan recto en depositar en objetos perdidos para que pudiera recuperarlo su dueño.
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http://valentina-lujan.es/doc/Libro%20telas.pdf Es posible que así, en fotografía y sin ningún otro objeto con que compararlo no se aprecie el tamaño; pero es un buen tocho de 671 folios (folios, folios; no DIN A4) mecanografiados y en encuadernación rígida forrada en tela. Le dije “¿y este mamotreto?” y respondió que estaba en un banco de su lugar de trabajo. No había nadie cerca ― era una de esas mañanas de otoño bastante grises, anubarrada y con viento que lo tenía de mal humor porque, dice, “me siento frustrado”; y que la primavera es una gloria ― y, harto de batallar, se sentó y allí estuvo un rato, abriéndolo y cerrándolo y dedicando ocasionalmente miradas asesinas a “tanta maldita hoja que…”. Le dije “bueno; ya vale. Cálmate” y que, entendiera, el mundo es como es y de nada vale luchar contra los elementos. – ¡Pero si no luché! ― respondió ― ¿No te he dicho que me pasé la mañana ahí sentado, como un vago, mirándolo? – ¿Y no era de nadie? ― Le pregunté. – Con la mañana tan horrible allí no había un alma. Así que, cuando dieron las tres y malterminó un poco de cualquier manera con las hojas, cogió el metro y se lo trajo a casa. No figura en ninguna parte ni autor, ni editorial, ni nada de nada. Además, ya digo, son folios (no DIN A4) mecanografiados directamente desde la máquina de escribir; así que… Luego, a la mañana siguiente, como le gustó ― lo primero que hace en otoño e invierno nada más levantarse es mirar por la ventana; la temperatura no le importa, pero el aire… ― ver que el día estaba muy calmo se dulcificó, le afloró la bonhomía y dijo que como tenía toda la pinta de ser un único ejemplar lo iba a llevar a objetos perdidos. Yo no dije nada; pero me había gustado ese título tan extravagante. Así que esperé otro par de días y fui, yo, a objetos perdidos, explicando que un libro así y asá de 671 folios (no DIN A4) con encuadernación rígida forrado en tela roja y las letras doradas… Que me lo había olvidado en un banco del Retiro, dije. Y me lo entregaron sin rechistar. Que el libro en sí mismo no es que me hiciera a mí falta ninguna, que eso ya lo sé, y el título que es lo que a mí me interesaba era tan sumamente fácil de recordar de puro raro que podía memorizarlo aunque no estuviera viéndolo; pero se me metió a mí en mi cabeza que me hacía gracia — un poco puede que por aquello de la vanidad de estar teniendo algo distinto y que no tendrían, seguro, ninguna de mis amigas — conservar un libro del que (porque en eso podía estar teniendo razón mi marido) existía nada más un ejemplar.
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2405198031498
Cómo llegar si es al interior de una pecera
05/19/2024
Enedina
http://valentina-lujan.es/doc/si%20es%20al.pdf Si es al interior de una pecera y si no me he perdido en ningún cruce de caminos ni tomado alguna ruta equivocada tendré que admitir con toda la humildad que no lo sé aunque, y si tengo que decir la verdad (y que no estoy yo muy segura de tener por qué hacerlo porque cuánto me pregunto yo sola muchas veces mientras me pinto los labios frente al espejo del cuarto de baño — y que me digo, porque me lo digo, no hables que te tuerces y te quedan feísimos — le importarán a nadie las verdades de una pobre mujer ama de casa, pero bueno la diré para no incurrir en pecado de desobediencia), tampoco es que esté yo muy segura de que hubiese llegado a un lugar más razonable incluso sin perderme. Pero no me importa demasiado y no me pienso deprimir por ignorarlo ahora que… porque a veces tiene una algún que otro golpe de suerte, a mi suegra le ha bajado la tensión y puedo cocinar macarrones y cocidos y esas cosas que se hacen en un periquete así que, las judías verdes… Y las cortinas del salón, lavadas y planchadas y puestas ya que las tengo, y la alfombra del cuarto de estar también, ahí, tan calentito con su mesa camilla y su brasero; pues tan contenta que estoy de disponer de tiempo para mí para ir de tiendas y, por las tardes, mientras los niños están en esgrima, natación, equitación y pádel, y mi esposo haciendo un cursillo de no sé qué cosa paisajística, pues a sentarme hecha una señora frente al ordenador y “aplicarte sin más problemas a tu página”, me dije, con esta costumbre tan tonta que dice mi suegra que tengo de hablarme sola… “¿Y qué pasa por eso?”, le contesté el otro día. Porque qué daño hago yo a nadie. Yo me hablo. Yo me contesto. Y como me quiero mucho y no quiero que me salgan arrugas de mal genio ya pongo yo buen cuidado de no darme ninguna mala contestación… Así que “sin más problemas a tu página”, me dije; pero… Mi suegra dice que sin los oleos se van algunos, pero que sin su zarandeo no se va ninguno; y que yo tendré que sufrir en la vida todo lo que Dios me tenga asignado por mucho cuidado que ponga y por mucho que, cuando me llama por las mañanas contándome qué le duele y preguntando qué voy a poner de comida, no le coja el teléfono pretextando que es que estaba en la ducha. Debe de ser por eso (lo del zarandeo, no por la ducha) que me siento, me pongo, lo conecto, se calienta, me salen una ristra de cuadraditos y letreros del Messenger y de no sé cuántas tontadas más y, cuando por fin voy con el ratón y pulso y tal y llego, tan ilusionada, a donde lo había dejado todo cuando lo de la hebra de las judías y que era aquí, me encuentro con que tengo que llevarme un berrinche porque alguien me ha pisado la idea que yo tenía de ponerle a mi página el título tan bonito de ese libro… Pero ahora no tengo tiempo de contar el disgusto tan grande porque, con tanto tiempo que he perdido yendo y viniendo y tratando de entender qué ha pasado, el niño ha vuelto de la equitación y la niña del canto y tengo que vigilar que hagan los deberes en vez de meterse en las redes sociales a tontear y dejar todo internet lleno de rastros… Todo el rato correteando del cuarto del uno al de la otra, cada uno con su ordenador que, como yo les dig… – ¡¡¡Que ya voy!!! Mira, al remate me he torcido.
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2405188024035
Aun sin aludirlo expresamente
05/18/2024
Susanita Estévez
http://valentina-lujan.es/A/aunsinaludirloexpre.pdf aun sin aludirlo expresamente {ni haber tenido la más remota de las intenciones de hacer caer a nadie en uno de esos equívocos farragosos y no poco perversos — siguió, con la lectura, vocalizando correctamente y marcando las pausas aunque de forma maquinal, sin tener que poner en ello cuidado especial, tan habituada a dictar con la mente puesta en sus propios asuntos — que en más ocasiones de las deseables se prestan a interpretaciones erróneas}, al— una vez cerrados los corchetes y los botones de la blusa hasta el cuello — eventual lector a suponer que el mencionado conflicto ha de ser necesariamente de intereses compuestos y a largo plazo cuando (y debiera ello de resultar evidente) los intereses simples y a corto plazo son los que más suelen desasosegar, si no se ven satisfechos o cumplidos, a las criaturas impacientes que por culpa de sus cortas miras no reparan en que los designios del Altísimo no están trazados a la medida de los deseos, terrenales las más de las veces, que el común de los mortales pensantes —“que no sólo sintientes”, puntualizó, apartando su mirada del texto para posarla por un instante en Petronila y en sus ojillos asustados — da en suponer que el ver satisfechos es lo que más felicidad va a reportarles. Fin
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2405178019843
Las manos que se había lavado
05/17/2024
Encarnación Corcuera
http://valentina-lujan.es/G/pqroseramuyres.pdf porque Rosarito era muy responsable y cuando le daban esas ventoleras de realismo no se contentaba mamá con dar órdenes sino que era la primera en arremangarse y ayudar, si era preciso, incluso a doña Loreto en la cocina pelando patatas y picando cebollas sin derramar más lágrimas que las imprescindibles y, todo, por hacerle más llevadero a la pobrecilla ― decía; porque Mariló era muy creativa y le gustaba adornar a Rosarito con toques, aquí y allá, de fortaleza y de ternura ― el hecho tan lamentable de tener que dejarse ver por todo el mundo con aquel gesto avinagrado que, no lo podía remediar, la deprimía terriblemente y hasta extremos tales que se hacía a veces incluso necesario parar aunque fuese nada más unos minutos y se calmase para, justo cuando la cebolla estaba exactamente pochada y bueno, pues ya veréis ― algún agorero ― como al remate se nos va a dorar “porque vamos a ver ― quejarse en un aparte siempre que no estuviéramos con los preparativos de alguna celebración con muchos invitados y las habitaciones abarrotadas de primas peleándose por esta pamela o tal o cual estola ― si hay una buena razón para que me haya ido a tocar a mí, precisamente, tener que arrastrar recuerdos tan tristísimos como los que me tienen amargada de la vida”. Si había la tal razón, que alguien fuera a buscarla, y se la trajese. Ella, Loreto, la aceptaría de mil amores ― aseguraba ― y la guardaría con mucho cuidado entre la lencería, la más fina, para que no se le estropeara… o, casi mejor aún, la llevaría siempre consigo a todas partes lo mismo que el monedero o que las gafas, y al mercado y al cine, y a los funerales como si fuera un pañuelo, como los de doña Magdalena tan bien planchados y metido en la manga, así, para que no se le olvidase. Ella entonces, Rosarito, nos contaba, trataba de animarla con “pues porque cada uno ha de cargar con su cruz” aunque si queréis que os sea absolutamente sincera ― no le importaba confesarlo ― lo que me parece que tenía que haberle dicho era aquello de… “bueno, ¿y qué querías si los Menéndez se marcharon a vivir a Murcia y nos quedamos sin una Piluca que llevarnos a la boca; eh?”. –Pero, pequeña ― doña Telma, tan amante siempre de la concisión y atenta hasta extremos obsesivos de, a menos que fuera de todo punto ineludible, procurar y os lo ruego encarecidamente, por favor, que os centréis o me terminaréis destrozando los nervios no dispersarse ―, y contéstame con un escueto sí o no: ¿Se había lamentado ella de tener que hacerse cargo de los tres chiquillos? Porque, de no ser así ― doña Telma se puso de pie, y caminó con paso lento hasta la ventana, y bajó de un solo tirón la persiana ―, de no ser así “tu respuesta, Rosarito, a mí me parece que ha estado muy, pero que muy… ― mas, como notase que la penumbra era un poco excesiva, la volvió a subir, esta vez despacito, cosa de cómo más o menos una cuarta ― acertada” pero, en el caso contrario… Pero como la persiana se bajaba poco a poco, ella sola y sin aparente motivo, doña Telma probó primero con dos de los tomos más gruesos de la enciclopedia y luego con tres y hasta con cuatro hasta que, aburrida, sacó uno de los cajones de su mesa y… “¡persiana de los demonios!” y que mirase, le dijo, y que no la mareara porque estaba ella “hoy que no sé qué me pasa”. Y sentándose un poco más tranquila que tiempo al tiempo; que no había necesidad alguna de precipitarse, ni motivos para desesperar. Y que ya veríamos como en la temporada estival, cuando vinieran los veraneantes, no nos faltaría “una” Menéndez, o Espinosa o Astudillo, que llenara el inmenso vacío que había dejado en nuestros corazones la de Molina cuando, después de tanto contemplarla y darle todo tipo de facilidades y proporcionarle lujos poco menos que asiáticos como era la muy condenada tan sumamente raspa, se descolgó con que lo sentía mucho pero que ella, de ser algo, sería Custodia porque “estoy hasta el mismísimo pico de la boina”, dijo, de ser siempre la que tenía que cargar con el mochuelo de ser la más protestona y la más irascible y la que más largaba.
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2405178019232
La señorita Acracia las detestaba
05/17/2024
Rosina Escudero
https://valentina-lujan.es/L/lasenoritacracia.pdf La señorita Acracia las detestaba. Decía que todo lo lían y todo lo embrollan y que son, en definitiva y conclusión, unas biliosas; unas amargadas enredadoras que con sus una que si aquí me alargo, otra que si allí me elevo, aquella que si me quedo en suspenso, la de más allá saturada de ironía y aquella otra con cara de mosca muerta haciéndose la tonta con su tono inocente, eran todas muy falsas y muy engañosas y que no debiéramos las personas de bien tratarnos ni con ellas ni con sus sílabas ni con sus acentos ni con sus mayúsculas ni con sus diéresis ni con su nada. Que lo decía, con poquísima delicadeza, sin cortarse ni un pelo delante de ellas mismas, que allí, con sus vestiditos y sus pamelitas con puntillas, aguantaban en fila y orden alfabético el chaparrón lo mejor que podían haciendo, las infelices, verdaderos esfuerzos para no venirse abajo y deshacerse en lágrimas aduciendo — entre moquear y muchos hipos que no servían más que para irritarla aún más hasta el punto de sacarla de sus casillas y gritar “¿pero os dais cuenta de cómo no callan?” — que ellas no eran responsables de su ser y sólo víctimas desdichadas de “nuestro propio karma” que habrían de soportar, se lamentaban, mientras el mundo fuera mundo. Al final tenía que venir el director y hacerla entrar en razón “porque, Acracia, entiéndalo, necesitamos aun con todos sus defectos las palabras”; y a regañadientes la señorita terminaba por ceder y, “bueno, que se queden” pero, que por favor, no quería una sola insubordinación entre las esdrújulas, ni ninguna pálida entre las llanas ni que, entre las agudas, se le colase de rondón o de perfil ninguna flaca. *** Nota: Aquí se cierra el círculo 65-255-102 que, con todos los derechos reservados, registró Honorina la huérfana en Safe Creative el día 4 de enero de 2024.
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2405178018402
Y continuó, con toda seguridad que continuó
05/17/2024
Valentina Luján
http://valentina-lujan.es/doc/Y%20continu%E9.pdf Y continuó, con toda seguridad que continuó porque entre las muchas virtudes de doña Fructuosa — porque también tenía como todo ser humano sus virtudes aunque desgraciadamente, porque el mundo es muy injusto e implacable y sobre todo con las personas de aspecto, como el de ella, tan poco agraciado, nadie se las hubiese reconocido jamás — se hallaba la del gusto por el trabajo bien hecho, y detestaba por tanto que las cosas se dejaran a medias incluso en los casos (que se daban con más frecuencia de lo que su pudor hubiese deseado) de que las tales “cosas” no se adecuaran del todo a los dictados de las buenas costumbres y el recato; y es que, como ella decía, podía tolerar una redacción cuyo contenido fuese del todo inmoral o hasta vergonzante siempre y cuando que desde el punto de vista gramatical y literario no estuviese exenta de armonía, de ritmo, de una cierta luminosidad estética que, decía, “al fin y al cabo es lo que nos ocupa, ya que estamos en clase de composición” y, decía también, “nuestra responsabilidad termina ahí” y con independencia — según ella — de que lo narrado sea del todo aborrecible o feísimo o “por poneros un ejemplo mediante el que lo comprenderéis perfectamente” que se fijasen en la familia de Carlos IV; tan feos algunos de los personajes, pero tan bonito el cuadro. Así que es seguro que continuó; pero no es del todo increíble que la tal continuación no aparezca por parte alguna porque la Sacra, temerosa de ganarse una reprimenda de su madre — dama bonachona y sumamente piadosa a quien, no entendiendo sin embargo absolutamente nada de las sutilezas en las que doña Fructuosa andaba tan puesta, hacía perder el apetito y hasta el sueño el que la niña mostrase “cierta inclinación, Fructuosa , y tú tienes que haberte dado cuenta, por más que me lo niegues” por los relatos “un poquito atrevidos” —, rogó a doña Fructuosa que por favor no la incluyera en la gacetilla trimestral del colegio en la que se publicaban los mejores trabajos de todas las alumnas. Y, parece ser que doña Fructuosa accedió convencida, como estaba — y esta era otra de sus curiosas teorías —, de que cuando algo era tan absolutamente perfecto como el escrito de la Sacra (prueba contundente, entre paréntesis, de que el escrito existió) ya no tenía la menor importancia que el objeto tangible (es decir “la redacción”) portador de la tal perfección desapareciese porque aquella (es decir “la perfección”) trascendería para toda la eternidad aun y a pesar y por encima de la materia. – ¿Lo habéis entendido? — Preguntaba, mirando de hito en hito y con expresión dubitativa a sus educandas. Cuando las pobres criaturas respondían con movimientos de cabeza que no ella alegaba con un algo de tono resentido “es que las palabras son a veces muy traidoras y no trasmiten con fidelidad qué se quiere expresar”; lo que provocaba una enorme irritación entre nosotras , que no teníamos ninguna culpa de que cuando nos pasaba revista para hacer el casting no supiera elegir a las adecuadas para sus propósitos. Fin a a del mote número dos para la versión original e integra sin enlaces de las múltiples respuestas que pueden darse a una cuestión en apariencia tan simple como lo es “¿Quiénes somos? Nota: Para ver la secuencia completa pulsar en la imagen:
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2405178017887
El inducir, aun sin aludirlo
05/17/2024
El coro de los "algunos"
https://valentina-lujan.es/Z/aunsinalud.pdf aun sin aludirlo expresamente ― y ante la sospecha tal vez infundada por su parte de que no sólo arganeando sino de otras muchas formas y maneras los intereses de los participantes en el acto en cuestión del que estuviésemos tratando o incluso de cualesquiera miles de otros actos que bote pronto no se nos estuviesen ocurriendo pudieran estar yendo tras el logro de metas muy distintas ―, a tomar en consideración las distintas acepciones de un mismo verbo — “porque puede”, decía, “entonarse un bolero tanto como un mea culpa y declinarse lo mismo una invitación que el rosa rosae” colocándose o colocando a otros ante la situación adecuada para encontrarle a cada circunstancia su punto — era, aunque doña Fructuosa lo ignorase, un método infalible para empujar a sus educandas tanto al pecado de la carne como al borde de un precipicio en los que muy poquitas fueron las que no estuvieron en trance de caer empujadas — las más — por la profunda antipatía que sentían hacia ella, tan adusta, y con aquel su aspecto de solterona amargada (continuará)
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http://valentina-lujan.es/A/Que%20no%20es%20ni%20del.pdf Mapa del sitio que no es ni del que yo le estoy hablando ni el que le quiero yo mostrar, pero se lo enseño porque aparte de recordar en cierto modo a los mapas de carreteras me recordó, en cuanto lo vi, a aquella otra cosa que con el nombre de Esquema no sé qué más (que no lo recuerdo y ahora no tengo tiempo de ponerme a buscarlo) encontré entre las páginas 120 y 121 del libro aquel que trajo mi marido de su trabajo y que yo recuperé de la oficina de objetos perdidos porque, como lo había visto, pude explicar con todo detalle es así y asá y de esta manera y esta otra y él ni se enteró porque yo lo tuve escondido en el trasterillo del sótano envuelto en plástico porque, si no, y con la humedad que tiene ese trasterillo. Pero nunca hice intención de leerlo, la verdad, aunque lo que sí tuve un día fue la curiosidad de pesarlo — porque ya dije que era tamaño folio, folio, no DIN A4 — y, aprovechando que él estaba en el parque, me lo subí y lo pesé en la basculita. Porque yo tengo una basculita de cocina para pesar lo que se come mi sueg mamá política pero no porque yo sea ninguna tacaña (aunque algo sí que lo soy) sino básicamente porque ella tiene que tomarlo todo pesado y medido como está tan delicada, y entonces me enteré de que pesa exactamente (el libro, no mi suegra, que para una persona adulta sería poquísimo) dos quilos y 200 grs. y pico (porque no es muy precisa, aunque mi suegra sí que se pone a veces no poco impertinente) y, como entenderá cualquiera, no puedes ir en el autobús o en el metro de pie leyendo algo tan pesado. Y por eso no hice intención de leerlo pero, cuando el día que lo pesé antes de guardarlo en la caja vacía de la televisión pequeña — porque ya no lo volví a bajar al trasterillo porque había pasado tiempo bastante y hacía además un día muy calmo como para que mi marido (esposo, cuando me acuerdo) ya no se acordase ni pensara en él por ningún tipo de asociación de ideas con aquel día tan ventoso de las hojas — le eché una ojeada por encima y de atrás hacia delante (que es como de toda la vida se han ojeado los libros) encontré un trocillo de papel con esta figura tan bonita — que, ya lo veo yo sola, no se parece en nada y además estaba bastante más atrás como por la cuatrocientos treinta y algo —, sentí curiosidad por seguir ojeando (de “ojo”, no confundir con “hojas” que es lo que le pasa a mi marid esposo por a lo mejor deformación profesional) y, entonces, es cuando sí encontré el esquema de verdad que es el que digo que se parece tanto a un mapa de carreteras ¿O no es verdad que se parece un montón?
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2405158005514
Que les había pedido que bordaran para la niña
05/15/2024
Don Sisenio
https://valentina-lujan.es/G/seguirleyendoparareg.pdf (seguir leyendo) que les había pedido que lo bordaran para la niña como regalo de su primer cumpleaños; petición que, si bien las religiosas se habían apresurado muy ilusionadas a satisfacer, no parecía estar encontrando mucho apoyo por parte de una suerte adversa que se mostró empecinada en que no quedara ninguna vacante no ya y sólo durante la vida de la madre ─ que murió a los cuarenta años tras haber quedado viuda diecinueve atrás y con la pena de no habérselo visto estrenar ─ sino de gran parte de la de la propia Regina, que ya tenía nietos cuando recibió una carta certificada, urgente y con acuse de recibo, en la que se le comunicaba que había llegado al fin la oportunidad de la que ya desesperase y que caso de estar dispuesta a aprovecharla debía presentase en tal sitio el tantos de tantos de nanoninonitantos a las tantas de cuentas pero — la advertencia venía en negrita y subrayada — a menos cuarto sin falta a la mayor brevedad posible y portando, eso era importante, un distintivo un poquito original porque, rezaba textualmente la carta “algunos se parecen tanto a otros que a veces se organizan unas broncas tan tremendas por causa de confusiones que tenemos que llamar a las fuerzas del orden para que vengan a poner paz”. Y así Regina (doña), que maldita las ganas que tenía de a su edad ya avanzada estrenarse aquella tarde — precisamente — de malvada princesa Turandot ni de mandar cortar cabezas a troche y a moche, telefoneó al teatro alegando padecer un fortísimo ataque de ciática que la tenía postrada y, acto seguido, buscó la insignia, la desempolvó, la metió muy dobladita en una bolsa de plástico y le pidió al yerno de su nieta la hermana de Carlitos que, por favor, la llevase sin pérdida de tiempo en la motoscoot de repartir las pizzas a arrancar a Ovidio de las garras del mago negro en que lo había dejado don Gabriel al expirar y llevarlo donde el mago blanco para, desde allí, seguir ya ella sin prisa y por sus propios medios su camino.
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A nadie se le hubiera debido pasar por la cabeza
05/13/2024
La señorita Yo
https://valentina-lujan.es/A/anadieselehub.pdf por la cabeza, por lo visto o porque no tocase, tan fuera de lugar y lejos, lejísimos, del escenario de los hechos, a manos llenas sí, pero terriblemente torpes o en exceso pequeñas para poder abarcar (pese a los denodados esfuerzos de los unos y el entusiasta jalear de los otros), aunque nada más fuese a medias y forcejeando por que no se le cayese, tan redonda, rotunda, inmensidad de hechos entremezclados y confusos que rodaban, ahora, ladera abajo como bola de nieve o, por buscar un símil que no quedase tan frio ( o distante o desabrido, que tiempo habría si el tiempo acompañaba a decidirlo), de fuego que — y saltaba a la vista como rana de agua hirviendo — nos abrasaría hasta dejarnos reducidos a cenizas; pero, lo que son las cosas cuando las cosas están de Dios, dijo la abuela, se les pasó, sí, aunque no por la cabeza sino por… Que nos quedamos sin saberlo, por cierto, o por prudencia de Estramonia que, conociéndola, propinó con disimulo un codazo a Purificación para que, aunque fuese nada más por esa vez, cerrase el pico y tuviéramos la fiesta del entierro de don Fulgencio el artillero sin meter demasiado ruido y, en la medida de lo posible, en paz y aunque solo fuera relativa y harto endeble. Y que en su honor, le musitó, al oído, indicando con un leve movimiento de la cabeza suya el ataúd.
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http://valentina-lujan.es/Cajabombones/sinquehubiese.pdf las tardes en ocasiones se torcían y podíamos encontrarnos con que, como venimos de ver, tras una andadura que nos había colocado en la casilla 16 nos veíamos de nuevo en la 1 haciéndonos las mismas preguntas que ya nos habíamos formulado tantas veces, y forzados por lo tanto a buscar unas respuestas nuevas, diferentes, que no nos abocasen a unas conclusiones que nuevamente devolverían a la rueca — por utilizar una metáfora tan del gusto de la señorita X —el copo que pensamos alguna vez tener ya hilado. En tales ocasiones — y cabiendo la posibilidad de volver a emprender el camino otra vez a ciegas, o, más engorrosa pero con mayores garantías de no incurrir en los mismos errores, la de hacer un riguroso examen buscando dónde o cuándo habíamos cometido algún fallo — los criterios a seguir no eran unánimes y, por evitar más pérdidas de tiempo y nuevas discusiones, se optaba por hacer dos grupos y que conforme a su elección cada uno siguiese una de las opciones. Así pues nos encontrábamos con: Opción nº1 – Colocarse en y continuar como si nada. Opción nº2 – Hacer el examen por doloroso que resultase.
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2405117952286
Cielo-Infierno que me salió bastante torcido
05/11/2024
Clara Navarrete
http://valentina-lujan.es/Q/quemesalibastor.pdf Que me salió bastante torcido pero el padre de Ramírez dijo ― por boca de su nieto el mayor, un chaval de unos diez años muy espabilado que me tradujo los gestos que el abuelo hacía porque el padre de Ramírez resultó ser mudo ―, que no me preocupara, que esto era nada más el principio pero que, más adelante, ya vería... Que habría de ver, dijo, cómo día tras día me iba soltando y adquiriendo práctica, y la práctica me daría seguridad en mí mismo hasta el extremo de, yo solo y sin su ayuda, poder hacer el mosquito no del dengue, por ejemplo, claro, dijo, porque el chico no va saber traducir dengue, pero sí el trompetero o, si prefiriese yo algo más amable, una libélula o un caballito del diablo. Y, como el chico no supo en efecto traducir dengue, pero sí decir Aedes aegypti y explicar que trasmite la fiebre de chikunguña, que imaginé molesta y dolorosa, le pedí que dijese al abuelo que mi ilusión sería algo más simpático. – Pues entonces — respondió el abuelo — la hiena resultará perfecta. – Ha dicho simpático — quiso deshacer el posible equívoco el chiquillo —, no sonriente. – Y que la hiena, además — le digo a mi amigo cuando se lo cuento —, he investigado y es bastante difícil. – Ya — me contesta —, pero enfrentarla te puede ayudar a superarte, a hacerte más fuerte Y que ensaye — para irte soltando, como muy bien te ha dicho el mudo, dice — plantándole, por ejemplo, cara de vez en cuando a mi madre. Creo, por tanto, y aunque me lo callo porque no quiero parecer un cobarde, que me voy a decantar por el mosquito del dengue, con chikunguña y todo.
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2405117952071
Nota preliminar a las Versaciones de un chupaplumas
05/11/2024
Adriana
https://valentina-lujan.es/alicia/notapre.pdf Aquí te lo cuento todo, punto por punto y palabra por palabra. Te cuento, en primer lugar, que le dije que exageraba; pero eso tú, Proserpina, seguro que ya lo sabes, o no… A lo mejor no lo sabes porque… Pero, ¿cómo explicártelo? Y que me había pedido años atrás y al cabo de unos cuantos sin vernos que le hiciese un favor de suma importancia para él, y, una vez hecho el favor, me reprochaba no sé qué deslealtades y me culpaba de haber traicionado nuestra amistad. Pero, Proserpina, también eso seguramente tú lo sabes. Y que fue entonces cuando le respondí… Pero para qué, Proserpina, aburrirte repitiendo una vez más tantas cosas que con seguridad tú ya sabes… Pero ¿Cómo explicarte que lo que tú sabes?... ¿Cómo explicarte que lo que yo dije?... ¿Cómo explicarte que lo que yo dije y él me contestó, que tú ya sabes, es, en realidad, lo que él me dijo y yo le contesté? ¿Cómo explicarte todo eso, Proserpina? Yo no lo sé; yo no sé cómo; yo no sé cómo te lo voy a explicar, pero sé sí que te lo voy a explicar y a rogarte, encarecidamente Proserpina, que… Pero, vaya qué contrariedad, está algún importuno llamando por teléfono, de modo que, viéndome apremiado por la contingencia que los de aquí llamamos tiempo, estimo razonable el aplazar para otro momento el proseguir no contándote, de manera sucinta porque eso, insisto, Proserpina, ya lo sabes, qué sucedió y cómo en mi verdad fueron las cosas sino, largo y tendido y exclusivamente con ánimo de no aburrirte, por qué omito tanta reiteración innecesaria y paso, es decir “pasaré” cuando regrese de la puerta, directamente a la página 24, que es la primera de todas cuantas en esta magna historia van escritas que contiene algo nuevo y continente de lo que pretende, de manera harto torpe en sus principios, alcanzar una dimensión distinta. Con todo mi amor: tu Sergio
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2405117951814
Versaciones de un chupaplumas (Nota preliminar)
05/11/2024
El camarero
http://valentina-lujan.es/doc/Versaciones%20de%20un%20chupaplumas.pdf Le dije que exageraba. Que yo nunca… Pero eso tú, María Eulalia, seguro que ya lo sabes. Me había pedido años atrás y al cabo de unos cuantos sin vernos que le hiciese un favor de suma importancia para él, y ahora — quiero en realidad decir entonces, cuando nos encontramos y estuvimos hablando del asunto —, una vez hecho el favor, me reprochaba no sé qué deslealtades y me culpaba de haber traicionado nuestra amistad. Pero, María Eulalia, también eso seguramente tú lo sabes. Entonces fue cuando le respondí… Pero para qué María Eulalia, aburrirte repitiendo una vez más tantas cosas que con seguridad tú ya sabes… Están, además, llamando a la puerta, de modo que viéndome apremiado por la contingencia que los de aquí llamamos tiempo estimo razonable el aplazar para otro momento el proseguir no contándote, de manera sucinta porque eso, insisto, María Eulalia, ya lo sabes, qué sucedió y cómo en mi verdad fueron las cosas sino, largo y tendido y exclusivamente con ánimo de no aburrirte, por qué omito tanta reiteración innecesaria y paso, es decir “pasaré” cuando regrese de la puerta, directamente a la página 24, que es la primera de todas cuantas en esta magna historia van escritas que contiene algo nuevo y continente de lo que pretende, de manera harto torpe en sus principios, alcanzar una dimensión distinta. Con todo mi amor: tu Felipe
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http://valentina-lujan.es/oca/18paradel5al42.pdf del tercer piso porque la tía soltera de la esposa de don Aniceto — que como teníamos sin duda que recordar { y si no recordábamos para qué, preguntaba don Aurelio, queríamos los apuntes y que pues entonces los consultásemos o, el que quisiera subir nota (como los había tan ansiosos que no se conformaban con el aprobado), el tomo de la Enciclopedia Universal correspondiente donde, concretamente en la sección de Historia, venían las semblanzas y hazañas de los personajes más insignes de la Nuestra con mayúscula aunque sin despreciar (que sus méritos tendrían) las de los romanos y los fenicios y los godos que, y don Aurelio lo lamentaba pero así eran las cosas, eran, sí, pero de los vecinos con los que por cuestiones territoriales no nos tratábamos } era aquel señor tan bondadoso que como todos los caballeros metidos en años y algo gruesos lisonjeaba a todas las feas con las que se cruzaba —, que había venido para que la vieran los médicos no se quería marchar, tan cabezona como era además de muy caprichosa, a su pueblo sin que quedara constancia y huella de su paso pero bajar las escaleras no podía porque padecía de vértigos o, si lográbamos dar esquinazo a esta buena señora tan cargante, al trasterillo del semisótano que era donde debía (a juicio de una “mamá” que no menos testaruda era sin embargo muy querida sobre todo cuando le tocaba a Rosarito) estar el baúl medio desvencijado y mohoso del que con tanta pasión (contenida, porque detestaba los excesos y si te descuidas, decía, te pasas al histrionismo y destrozas la escena) abominaba.
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http://valentina-lujan.es/oca/12paradel5al42.pdf que a la sazón o por entonces — dependiendo de si el turno tocaba a alguno de la tutoría de don Cliptemestro o, por capricho del veleidoso azar, a alguna de las pupilas del seminario de estructuras complejas de la señorita Adosinda — venía a ser (en el caso del primero y alguno de los suyos) la raya en el suelo hecha con tiza verde y que iba desde el perchero del que se colgaban los arneses hasta justo debajo de la bombilla fundida o (en el de la segunda y de sus estructuras y pupilas) con la de tiza roja que podía ir en cualquier parte con tal de que diera {una vez abierta, con su picaporte y todo porque, así como Adosinda no, Estefanía (que solía en su calidad de correturnos ir de suplente) sí que cuidaba mucho los detalles} acceso al mirador acristalado del tercer piso desde el que, a la caída de la tarde, se podían contemplar unas puestas de sol maravillosas que según ella, Estefanía, tenían que ser al estilo de las acuarelas de Turner mientras que para don Cliptemestro (que no necesitó nunca suplente porque tenía una salud de hierro y era muy cumplidor) podía servir cualquier otra aunque no fuese de alguien famoso y tuviera incluso algún borrón — que todo el mundo sabe lo difícil que es la acuarela — pero, “por favor” decían, porque esas cosas sí que los ponían frenéticos a los tres, con las comas y los puntos en su sitio y, sobre todo, sin faltas de ortografía y, los corchetes, “Los corchetes sobre todo — a las pupilas —, que algunas sois muy descocadas” y las comillas, bien cerraditos todos.
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