Pasa que,
algún día, cuando todo se apaga
y estás
a punto de abrir tu caja de Pandora
y perder la esperanza,
alguien te abre los brazos
y grita contigo.
En ese grito,
se va,
como en un frenético vómito de aire
todo el dolor que acumulas,
todas las lágrimas no expulsadas.
Así, entiendes que tu,
a pesar de haber caminado
por el sendero de la soledad,
encuentras nuevos senderos
que se marcan con manos ajenas,
creando surcos de solidaridad,
atrayendo de nuevo
a una renovada esperanza.
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