Nunca formalizarían, de eso ella estaba segura. No porque ella no quisiera, sino porque a él no le interesaba. Se veían de a momentos, cuando él tenía ganas. Se colaba en su habitación como un ladrón, y robaba lo que le interesaba.
Por las noches, solía imaginarse como sería una noche completa a su lado, tal vez se desvelaría mirándolo o tal vez dormiría plácidamente acurrucada entre sus brazos, deseaba saberlo pero de sobra sabía que eso jamás sucedería. Ella era la de las noches, alguien más era la de día.
Ella era diferente, no necesitaba a nadie más, sólo a él.
Se enfadaba, pero con ella misma, porque no podía proponerse dejarlo, siempre volvía. Hasta que un día le dijo adiós y aunque le había destrozado más el alma, una botella de alcohol se la sanaría.
Llegaron los mensajes de nuevo, esta vez ella no contestaba. Los mensajes e incluso llamadas abundaban, pasaron días, semanas. Ella estaba tirada y a él por primera vez se le hizo un nudo en el estómago, él la había perdido y ésta vez para siempre.
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