FARSANTES "ENGAÑABOBOS" POR DOQUIER.
Por Miquel Àngel Capó Maimó.
Son muchos los “listillos” que se animan a ofrecer cursillos de defensa personal para mujeres. Especulan con el tema del maltrato, de la violencia de género. Las cifras de víctimas que aporta el gobierno podrá verse ampliada [o no] por asociaciones feministas, agrupaciones minoritarias opositoras o individuos perdidos que buscan generar polémica (suposiciones muy personales), por el mero hecho de abandonar la situación de fracaso profundo en la que se encuentran. También, estos mismos personajes especializados en vender humo con denominación “Atapuerca”, se mueven por la zona de la seguridad privada; realizando cursos de fin de semana para todos aquellos ingenuos obligados que quieren servir de protección a terceras personas, o en su caso a empresas públicas y/o privadas.
“Estos “listillos” suelen ser los típicos sacacuartos de turno; aquellos mismos que no tienen ninguna otra alternativa para saciar sus ansias de llenar su saca”.
Los cursillos que nuestros amigos de la farsa tanto promulgan, son un verdadero sin sentido. Reúnen, con la gran ayuda de las instituciones ya comentadas, a aquellas mujeres que han sido víctimas del maltrato de género, alguna que otra curiosa sobre el tema, otras que son invitadas para hacer bulto en la sala, ya que son alumnas directas del instructor, con la intención de que en tan sólo, sí, en tan sólo ocho horitas (divididas en dos sesiones de 4 horas cada una), puedan controlar situaciones de alto riesgo y estrés. Una vez salgan por la puerta de la sala donde han sido obsequiadas con la mismas armaduras que utilizaban las guerreras Valkirias, ya podrán zafarse de cualquier tipo de agresión. Esta versión es la que se les vende antes de iniciar la pantomima universal de los amantes de la sutil estafa, patrocinada y encubierta por la ignorancia de quienes les apoyan.
Me atrevo a afirmar que ni los propios instructores serían capaces de salvar una situación de mínima gravedad. Ya ni quiero imaginarme la gran fantasmada de aquellos que pretenden asombrar al más cándido de los observadores cuando repelen los ataques con arma blanca o de fuego con las manos vacías, en ocasiones con instrumentos cotidianos, como puede ser un simple paraguas, un bolígrafo, un abanico, etc.
Las exhibiciones populares son el gran escaparate de toda esta parafernalia. Son las disciplinas como el Aikido, el Hapkido, Tai chi, Jiu Jitsu (japonés), Tai Jitsu, Judo (nombro éstas por ser de las más conocidas)… en fin; todas y cada una de las disciplinas dedicadas en específico a la defensa personal, las que se vanaglorian de poseer la panacea de todo. En dichas exhibiciones se practican una infinidad de acciones, coreografiadas todas ellas [obviamente], y ejecutadas por los grados más altos; que como ya he mencionado anteriormente, quisiera verlos en acción al ser sorprendidos por agresores reales, sin contemplaciones, con armas que hacen “pupa”, y sin temor al resultado que se produzca en cada situación.
Vergüenza ajena siento cuando presencio algún evento donde quiere venderse tal farsa.
Una cosa es que quieran presentar estas demostraciones en las que un tipo lanza a otro por los aires por medio de un sencillo movimiento, como un arte visual, como un espectáculo, en el que se deja claro que es todo puro teatro; hasta este punto puedo llegar a respetar. Y otra muy distinta es que se mofen del público no entendido, haciendo creer que son la “re-ostia” en verso, que si ese público [boquiabierto] acude a su espacio de práctica, podrán llegar a aprender las mismas “monadas”; y que en poco tiempo podrán circular por las calles de su ciudad con total seguridad, ya que poseerán un aura invisible que les protegerá de los golpes, unas manos capaces de noquear al más temido de los malhechores, y lo mejor; serán dueños de la frialdad necesaria para salir ilesos y con el mayor de los éxitos del cualquier fatídico encuentro.
Quiero dar su merecido lugar a aquellos iluminados del “KI”, aquellos que venden seriedad a nivel de papel de fumar garrapatas. A aquellos que programan números circenses, emulando a los charlatanes de épocas muy anteriores, intentando demostrar que con un simple enfoque de la energía, la misma que deambula por nuestro organismo, pueden desmontar al samurái portador del uniforme más pesado. Lo más patético de todo es descubrir cómo sus secuaces se prestan al petardeo descarado. Se ven sorprendidos por una fuerza misteriosa, la que les lanza a varios metros de distancia, hacia donde el pensamiento del Gran Master del "KI" [ejecutor] guste.
Podría llegar a morir con el vómito y las bocanadas de absurdo, del sin sentido, pero me niego; prefiero hacerlo de muerte natural, con una copa de buen vino en una mano y en la otra sosteniendo “El Proceso”, obra maestra de Franz Kafka.
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0