Qué arrogancia, exclamo y me digo del azar, del reloj, la luna y el sol. Y qué imprudencia la de tus ojos oh, cuánta audacia en tu vibración. ¡Inmenso descaro, tu luz, tu ardor!
Pies sin memoria, me elevo sin ancla silueta sin ropaje, en albinas llamas. Desconociéndome, estoica, iniciada, alucino con el todo, fruición máxima.
Emancipación de un raro cautiverio rasgo el embalaje de pétalos grana: júbilo de nacer otra vez, y otra vez, con gritos, con llanto, ¡temblando! Atrozmente emocionada, ¡a
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