Nos empeñamos en no hablar, mas no comprendemos que los sonidos que salen por otras bocas comparten, aunque no lo deseemos, el mismo aire que respiramos.
Nos empeñamos en no mirarnos, mas no alcanzamos a entender que los ojos que elegimos mirar tal vez llevan encerrados las imágenes de quienes no deseamos ver.
No empeñamos en decepcionar, mas no calibramos bien en la respuesta el alcance del daño que nos hacemos a nosotros mismos al decepcionarnos.
Nos empeñamos en mentirnos, y trabajamos afanos
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