Brooke a sus nueve años habia observado todo lo que la gente normal no ve, pero ese es el caso, esta pequeña niña no es para nada normal, desde su quinto cumpleaños había comenzó a ver todas aquellas criaturas que habitan en los libros más fantásticos existentes dentro de una librería; vampiros, hombres lobo y hasta fantasmas, pero nunca se había deleitado tanto como en ese instante mientras miraba a tan hermoso individuo que ocupaba su campo de visión.
Un ser con facciones extravagantes, finas y marcadas a su vez, con ojos tan oscura como la noche y una sonrisa tan blanca y pura como la nieve, su cabello tenía un aspecto suave como la seda y brillante como el sol, cosa bastante extraña, ya que era de un color igual o más oscuro que el de sus ojos. Definitivamente era la criatura más hermosa que había visto en su vida.
Aquel extraño individuo desconocido para Brooke, sintiéndose observado giro su vista en dirección a la pequeña y escaneandola lentamente detuvo su mirada justo al momento de toparse con sus ojos, que al contrario de los suyos eran tan claros como el día.
Luego de ya casi un cuarto de hora, ambos seguían viéndose con la misma intensidad. Era casi como si hubiesen puesto un hechizo en ellos para que jamás pudieran apartar la vista del otro, sin embargo, esto no duró más, ya que el extraño ser había dirigido su atención al rubio cabello de Brooke, y con esa imagen de la niña había desaparecido, dejando en su lugar un hermoso colgante de plata.
All rights reserved