n medio de un concierto de voces discordantes ahuequé mi voz, y el silencio se hizo tan delgado que lo podía cascar con solo una pestaña. Frente a mí aparecíeron fantasmas con chaquetas de gala y medias de filigrana; se seguían en fila el uno pegado al otro como si tuvieran miedo de confrontarme a solas; venía el enojo,... el rencor,.. los celos,...la frustración....; desnudé cada uno de frente con una sonrisa conmiserativa, agacharon la cabeza y salieron con el rabo entre las piernas. Se quedó la pena conmigo un rato más, compartimos un vaso de vino y hablamos de pintura y música, nos despedimos con una beso bajo la luz del ocaso; me quedé meditando, mirándome el ombligo.
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