Como el escultor desbasta la dura roca, limando salientes y dando forma lentamente a la mejor imagen posible que la roca permita; vírgenes, ángeles, gárgolas o demonios, así la personalidad, sin cambiarla, puede pulirse. Suavizando las resistencias, conociendo las vulnerabilidades y sirviéndose de las fortalezas para crear una obra de arte de la propia vida.
El miedo y los recuerdos de una experiencia dolorosa detienen a Eva San Martín, una mujer Dominante que aunque se resiste a ser lo que es, no puede evitarlo cuando en el cumplimiento de un capricho que se ha vuelto obsesión, conoce a un hombre que de manera natural le provoca sacar a la superficie su propia sexualidad dormida.
Zack Graos es como el bloque de mármol perfecto. Duro y bello, traslúcido e ideal, en las manos de una hábil artista del placer poco a poco va revelando el porte de un dios, la entrega de un esclavo y los placeres que permanecieron ocultos en su cuerpo toda su vida.
La escultura necesita del artista para nacer, pero el artista sin una roca para trabajar en ella, es un ente apenas vivo, que derrocha sin ningún sentido los dones de su existencia. Solo cuando están juntos, pueden encontrar la plenitud.
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