He tenido la inquietud de indagar en ese gran misterio que llamamos tiempo y abrirlo por dentro con el bisturí filosófico, para sondear sus entrañas, sus secretos a veces difíciles de entender.
¿Pero por qué filosofar otra vez sobre la naturaleza del tiempo?
Ya que es verdad, que mucho se ha escrito ya en la antigüedad y en la modernidad sobre el concepto del tiempo. Pero a mi entender, su naturaleza, sigue siendo todo un inquietante misterio.
¿Quién no ha pasado por delante de una residencia de ancianos, viendo la sombra de su destino, en las etapas finales de ese gran camino que es la existencia?
No somos más que esa “materia” que moldean los instantes del tiempo. Como “relojes” que somos del tiempo, nuestro cuerpo es la evidencia de que nada permanece y que la gran corriente sigue su fluir eterno, sin detenerse en nada. Y lo que es más importante,¿cómo percibimos ese devenir cambiante?, ¿Cómo puede ser que siempre vivamos el presente y este a su vez cambie constantemente?
He intentado dar respuestas a todas y cada una de esas grandes preguntas en este ensayo, esperando no perder el hilo de la argumentación y la gracia del mismo texto.
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