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2021-08-09
08/29/2021
Antonio Guerra Alvarez
Con frecuencia sentía que debía escapar del tiempo que, en vano, intentaba atraparle. Siempre se resistió a su inexorable paso.
Aunque nunca se negó a la adultez, su alma libre seguía empeñada en mantener y alimentar la alianza con la fantasía que había marcado su vida, con la promesa de crear, cada día, universos imaginarios en los que se materializasen y cobrasen vida las emociones, en los que sueños y realidad se hiciera uno, donde no hubiera noche ni día, donde cada uno de los instantes que viviese se hiciera una eternidad capaz de contener varias vidas, donde una y otra vez, pudiese renacer, a veces de sus propias cenizas.
Sabía que soñar no era la meta, que era el camino y por eso voló sin descanso hasta alejarse suficientemente de lo terrenal y sentirse seguro. Hasta sentir que podía respirar.
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