Colega, vienes sigilosa, débil... nos sacas un ¡Ay! doliente. Vienes con mirada triste, de espalda nunca, siempre de frente. Nos regalas sabiduría, cuando nos miramos al espejo, empecinados, en ver la criatura que llevamos dentro. Eres la antigüedad en mano, nos sobas día a día, y te llevas una pizca de nuestro verano. Pero la esencia es mía, nadie la puede cambiar ni siquiera tú. Mi ánima eterna es una niña, en su plenitud. No queremos ni pensar, cuando en el camino, nos retires la mano .
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