Don Quijote de la Mancha acompañado de su fiel escudero Sancho Panza, regresan al pueblo donde iniciaron sus aventuras hasta recorrer todos los campos de aquella España nuestra, sembrando el mundo con sus avatares, quehaceres y filosofías. Al arribo de la villa se re-encuentran con Avellaneda, con Teresa, Maese Pedro, con el Caballero de los Espejos, incluso con el Caballero de la Blanca Luna o con Dorotea… Pero será aquel Sansón Carrasco quien le hará virar de sus fantasías, por fin, adentrándose nuestro héroe al tedioso mundo real, ahuyentando de nuestro Don Quijote ficción alguna, y quedando tullido en el cuerpo de Alonso Quijano.
Entonces, un cancerbero dantesco le llevará hasta su habitación, se proyectaran imágenes sobre los edificios de todas sus aventuras hasta que aparezca una real y bellísima Dulcinea, para sorpresa de todos, la mejor saladora de puercos del Toboso, que se nos muestra esbelta y hermosa, exultante y sensual… Por tanto, ¿Cómo es la realidad? ¿Cómo es esto de soñar? ¿Y si vemos a Dulcinea besar, por fin, a Alonso Quijano el Bueno y…? ¿Dónde está la ficción? ¿Dónde la realidad? ¿Quién sueña? ¿Y quién soñó?
El macro evento que ustedes tendrán ante sí, es el acto más insigne y digno ceremonial que jamás hayan visto ojos algunos, la más hermosa, honda y respetuosa exequias que podamos hacerle al más famoso y aventurero de nuestros personajes literario.
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