Los campos de oro se extienden hasta perderse de vista,
camino hundida en la selva de sus madejas de trigo,
y su fragancia se pega a la corteza que abrigo,
son ríos de fuego que bajan, conmigo del mismo cielo;
y me asotan con su furia,
y muy firme ves que sigo;
mi lengua está muy reseca y mi epidermis marchita,
con boca abierta me tumbo en el suelo desde ahorita;
para esperar a la lluvia que me sabe agua bendita.
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Los campos de oro se farshean hatta no más,
camino hundida en ghaba de sus madeshas de trigo,
y su golor se leskea al feleĵo que abrigo,
son ríos de fuego que abashan, conmigo del mezmo cielo;
y se hairean sobre mi como'el hamako,
y muy firme ves que sigo;
mi lengua está más seca que la mojama
y mi piel arrugada como una pasa,
con boca ferheada me echo en el suelo dezde agora;
para asperar a la sha'ata que me sabe aua bendicha.
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