Tener 30 años, estar soltera y vivir en Nueva York no es como uno se imaginaria que fuese, no llevo una vida muy complicada, saqué mi maestría en cálculo y me dedico a dar clases en una universidad. La paga no es de lo mejor pero puedo darme mis gustos y sobrevivir, pero lo peor de mis días es saber que todavía no he encontrado a mi hombre ideal.
De esos caballeros y guapos que solo tienen ojos para ti, de los que te cuidan y te seden el asiento en el tren o el autobús, podría sonar como una niña pequeña pero siempre soñé con poder enamorarme de un buen chico con quien pasar el resto de mis días y que mi estadía en este mundo fuese en parte mejor.
Jamás pensé enamorarme de él...Jamás.
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