─¡Por Dios, esto es increíble! Un vídeo en el siglo...¿qué año me dijo Enri? ¡Ah, sí! Mil trescientos quince. No lo va a creer nadie...Y qué feliz parecía. Y qué triste me dejó, la muy jodida. Pero sé que le irá como se merece. Te quiero, Enri. Cuídate allá donde estés...
Aún con los ojos llorosos, abrió el segundo archivo del otro teléfono.
La voz de Enriqueta, algo temblorosa, salió potente del aparato: «Aquí queda reflejado, a mi manera, el relato de lo que sucedió, lo que yo viví y lo que me contaron. Puedes hacerlo público si quieres. Nadie te va a reclamar nada...»
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