─¿Y el niño? ─preguntó furioso.
─¿Qué pasa?
─¡Ese crío es un demonio!
─Tranquilízate, no lo hace queriendo, él solo…
─¡Basta! Le consientes todas las rarezas. Somos el hazmerreír de la granja, nos señalan y miran con compasión; y tú no haces nada. No lo soporto, ¡se acabó!
─Pero…, es un buen niño ─llorosa y viendo de lo que sería capaz lo agarró del brazo─ Miguel, dios mío, no lo hagas es muy pequeño, hablaré con él y entrará en razón, por favor, te lo suplico por lo más sagrado, ¡n
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