La pesada lluvia, que no cesaba desde bien temprano, hacía más molesto el camino. Roque sintió hambre, pues eran ya cerca de las 4 de la tarde, y no había probado más bocado que una barrita energética desde la mañana. El mapa era confuso, y no se divisisaba ningún poblado cerca: con la lluvia cerrada era difícil ver a lo lejos. Para no perderse, Roque venía siguiendo el curso de un riachuelo que según el mapa pasaba por un poblado. Pensó que si ascendía un poco, quizá desde lo alto del cerro cer
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