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2021-01-04 ñ
01/16/2021
Antonio Guerra Alvarez
Eligió libremente soñar en libertad.
A pesar de todo, decidió concederse el privilegio sentir en el alma la brisa de los sueños al amanecer, la única verdad que había experimentado en su vida, la única razón por la que existía.
Sabía que, al alba, cada mañana el alma transcribía la realidad a un universo onírico en el que nada era imposible y en el que la consciencia abría las puertas a la ensoñación, a la quimera, a lo posible, a otras dimensiones en las que sólo ella tenía sentido.
Decidió no concederse el beneficio de vivir de espaldas a la esperanza, negó el privilegio de vivir una realidad vicaria construida por aquellos que carecían de un corazón capaz de imaginar, negó la posibilidad de vida a un alma condenada a perpetuidad a la verdad absoluta, cuando la duda había sido su única razón para viaja.
Por eso evitó, cada mañana, los cantos de sirena, los cientos de arco iris que marcaban el límite de lo irreal, los amaneceres a mediodía, para abrazar con fuerza los sueños truncados y perdidos en plena noche que sólo podrían ser vividos con polvo de hadas. Solo su fantasía la hacía libre
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