1833. Fernando VII se muere de gota. La habitación apesta, pero su esposa María Cristina está
a su lado, cuidándolo. No sabe qué hacer. Como un huracán, llega desde Sevilla su hermana, la infanta Luisa Carlota. El ministro
Calomarde la intenta detener, pero Luisa Carlota le da un bofetón tan fuerte que resuena por
todo el Palacio. Carlota entra en la cámara real y se planta delante del moribundo Rey Felón.
Fernando VII balbucea: “Déjame morir”. Pero Luisa Carlota le pone una pluma en la mano y le
responde: “Se trata de morir bien: se trata de firmar”. Sujeta sus dedos gangrenados, y los guía
para que firme el real decreto que anula la ley Sálica: solo así las mujeres podrán reinar.
Así es como María Cristina, a sus 27 años, se convierte en Reina hasta que su hija Isabel sea
mayor de edad. O hasta que su cuñado Carlos, que esperaba heredar el imperio, le gane la
guerra. O hasta que los ministros liberales la obliguen a abdicar. Pero hay un pequeño
imprevisto: María Cristina se enamora locamente del chico menos indicado—su
guardaespaldas más hot. Y por su amor estará dispuesta a arriesgarlo todo: moral, poder y reinado.
All rights reserved