La casualidad ha hecho que sonase la banda de Germán Coppini justo cuando empezaba a escribir esta reflexión, así que parafrasear al fallecido músico cántabro en el titular se me antoja más que razonable en este debate. Si a Coppini le parecía que los incipientes años 80 del siglo pasado eran malos tiempos para la lírica, no se que pensaría si de repente echara un ojo al periodismo actual. Mediado ya el primer cuarto de este siglo, parece que la objetividad del periodista ha quedado relegada a una utopía difícilmente alcanzable en un sector, el de los medios de comunicación, en el que la batalla por la audiencia se tiñe del color de los intereses de la empresa editora. Encontrar una línea editorial que no muestre apego por uno u otro sector de la política o por los colores de una determinada camiseta es algo improbable en estos días, cobrándose como víctima en la independencia del periodista.
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