Jeanne observa a su pequeño dormir plácidamente en su minúscula y humilde cama, hecha de trozos de escombro recolectados aquí y allá y unidos por la argamasa indestructible del amor más puro y generoso, el de una madre.
Mañana es su cumpleaños. Cinco. Más no habrá fiestas en el patio trasero de casa. Ni regalos. Ni golosinas en el colegio. Joseph, nació un martes de 2010, no de un mes cualquiera, sino de aquél que trajo el caos y la destrucción.
Pasaban cincuenta y tres minutos de las cuatro d
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