Camino por la zona de andamiaje en los bajos del edificio Luxider, el paso de los transeúntes por el camino indicado por las obra se hace lento y acorta las distancias entre los cuerpos. De entre ellos se desprende cierta mezcla de sudor, saliva y sexo de la noche anterior. La llovizna va calando, resaltando el olor a polvo de las gabardinas, haciéndolas brillar a tono con el asfalto.
La piel de mis manos está roja por el frío, me las acerco a los labios y exhalo aire caliente en forma de humo.
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