Miguel Ángel Sampedro es capaz de hacer que la literatura cobre vida con sus manos y su rostro. Doctor en Poesía Sorda por la Universidad de Granada, lleva varios años compaginando su pasión como poeta con su labor como docente, tanto para alumnos sordos como para estudiantes oyentes. Todo ello aunado a su compromiso activo por la defensa de los derechos laborales de las personas sordas, para que estas puedan ejercer sus profesiones en igualdad de condiciones respecto a los oyentes.
Recientemente, Sampedro ha vuelto a sufrir en sus propias carnes la discriminación que tantos años lleva denunciando: en enero de 2025, fue cesado por la Consejería de Educación de Canarias del puesto que tenía en el IES El Chapatal, un instituto público de Santa Cruz de Tenerife. El motivo aducido por el centro correspondía a una “supuesta ocultación de una enfermedad preexistente”, en referencia a la ansiedad provocada, según el testimonio de Sampedro, por la falta de ajustes necesarios en el entorno laboral para que él pudiera ejercer su labor sin limitaciones. Por ejemplo, desde 2020 llevaban incumpliendo su obligación de proporcionarle un intérprete desde el comienzo del curso. El profesor ha llevado el caso a los tribunales, que resolverán el pleito en los próximos meses.
Sin embargo, hasta que este se resuelva, los alumnos de Sampedro se verán privados de la sensibilidad y la visión particulares que este puede compartir con ellos sobre la literatura y la lengua. Por su formación, por su experiencia y por su personalidad, estos estudiantes tendrían acceso al mundo de la literatura desde una perspectiva que difícilmente podrían imaginarse por su cuenta, pues es un campo en el que la figura del oyente siempre se ha situado en el centro, dejando poco espacio para otras posibles miradas. Ellos mismos reconocen que tenerle como profesor les abrió la puerta a entender su realidad de otra manera.
Este documental pretende capturar el encuentro entre un profesor y sus alumnos a través de la expresión artística del primero, usando como vehículo su lengua materna para que los adolescentes puedan acceder a su mundo. Además, esta película busca crear un espacio de reflexión sobre cuestiones de inclusión laboral y en el aula, y establecer un puente poco explorado entre literatura y cine: la expresión literaria a través de un código intrínsecamente visual -y, por tanto, cercano a lo cinematográfico- como es la lengua de signos.
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