«Inmóvil», esa fue la última palabra que escucharon sus oídos humanos, un beso lo último que sintieron sus labios de carne y la cara de quien hasta ese instante creía que correspondía su amor, lo último que vieron sus ojos antes de convertirse en piedra. Así terminó su aventura, como una estatua adornando el palacio de su querida princesa. No pasó la prueba, no fue la elegida, ocupó su lugar como todos los que antes que ella habían fracasado. El salón de los pretendientes olvidados, así llamaban a ese lugar repleto de figuras con la sorpresa esculpida en el rostro. […]
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