En 1730, el llamado “Tributo de sangre” impuesto por la Corona Española, conduce a un grupo de quince familias canarias procedentes de las islas de Lanzarote, Tenerife, Gran Canaria y La Palma a embarcar como colonos rumbo al territorio de Texas perteneciente al Virreinato de Nueva España, con la idea de que una familia defendería más su tierra que una guarnición de soldados. Los colonos zarpan del puerto de Santa Cruz de Tenerife y tras una estancia en La Habana llegan a Veracruz. Una información errónea les impide desembarcar en la costa elegida debido a circunstancias geográficas adversas. Así, los colonos canarios, cargando sus grandes piedras de molino, inician un duro y penoso viaje en caravana que dura ocho meses y en el que padecen enfermedades, ocurren muertes, nacimientos y ataques de los indios apaches.
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