Carlota me saludó con su poco habitual media sonrisa y Orlando con su sonrisa taimada de asesino a sueldo. Estaba incómodo, algo que debieron notar. Se apresuraron a explicar, antes de elegir el menú, que no habían tenido nada que ver con la muerte del sacerdote, ellos no se dedicaban a asesinar a personas de […]
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