Relato: La piña
Tocamos un par de veces el timbre que custodiaba la puerta de entrada, sin mucha fortuna. El barullo que se escuchaba detrás de la pared no hacía pensar en que ninguno de los que ya estaban dentro se percatara de que aún no habíamos llegado.
Raúl, mi marido, me puso ojitos como diciendo: “Si no abren, ¿nos podemos volver a casa?” y justo después saco a pasear un pequeño puchero que solo usaba para las causas perdidas. Nunca le gustaron las reuniones familiares y hacía l
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