Mis amigos y yo teníamos ganas de meternos en líos aquel día. Habíamos oído hablar de una casa abandonada, desocupada desde hacía muchísimos años. Por fuera, era la típica casa de madera, como las que aparecen en las películas de miedo). Pero, desde fuera, era una casa absolutamente normal. Era blanca, desde las paredes al techo, pasando por los muebles, las escaleras... El patio era enorme, lleno de tierra y césped artificial seco y descuidado. Las escaleras eran de piedra, ladrillos y cemento.
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