Hubo un tiempo, muy lejano y prácticamente olvidado, en que las supersticiones y creencias sin fundamento estaban por todas partes. Daba igual que humanos, magos, hechiceros, elfos o quién fuese investigase en nombre de Taban, la Duquesa de la Ciencia, las habladurías eran más fuertes en una época en que el conocimiento solamente estaba al alcance de unos pocos elegidos; y muchas veces la falta de comprensión, el miedo u otros factores alejados de la razón conseguían que, hasta aquellos que podí
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