El narcisista, como buen depredador, es tramposo por naturaleza. Tiende celadas a su presa, la rodea, busca su punto más débil, ¡zas!, hasta que ella muerde el anzuelo y él logra su objetivo: explotar sus recursos y provocar sus reacciones emocionales, tanto positivas como negativas. Esa es su agenda.
Nunca actúa a cara descubierta, por eso la mayor parte del tiempo la víctima no es consciente de sus maquinaciones. Sólo cuando recapitula lo vivido, cuando logra hilvanar los hechos y relacionarl
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