Un condominio, en el fondo, no es sino el Estado a escala reducida, y éste, a su vez, el mundo, también a escala. Ésta es la idea generatriz de esta novela, en la que se relatan los últimos nueve años del protagonista y su familia en Venezuela; justamente los vividos en el último condominio.
Los hechos son referidos como una sucesión de recuerdos del protagonista (que hace también el papel de narrador) durante los cinco días que transcurren entre la venta de su apartamento y el momento de abandonar el país. No obstante, la acción no se centra en la vida de la familia ni del protagonista, sino en la del condominio, a través de la actuación de las sucesivas Juntas Administradoras, y en la heroica lucha sostenida por la sociedad venezolana, tratando de evitar que la avalancha del chavismo acabe imponiendo su opresora dominación. De este modo, página tras página, se va descubriendo que, cualquiera que sea el nivel social, vivir no es sino una permanente lucha contra el virus del poder que, sin escatimar medios, de continuo amenaza con poner fin a cualquier forma de libertad.
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