(EXTRACTO DE LA OBRA. DESCARGA COMPLETA EN: Como humo. Libro. Iª y IIª parte. Fernández R.)
...Beso la noche de cristal, transparente, limpia, fresca. Nada. Y en esta oscuridad. Con el brillo de la luz de los bares, de las cafeterías…En esta oscuridad. Con las terrazas en las que la gente cena. En esta oscuridad hay un ángel negro, con los dientes brillantes, las alas de azul oscuro, los ojos rojos, que abraza la noche...Esta noche. Sudo sangre, ¡qué cojones hago yo aquí!, os regalo mi desprecio, que ya es mucho. Hijos de puta. La locura y el amor, el tiempo y las navajas, las uñas de los atardeceres de los veranos de mi infancia. El cielo dorado, violeta, azul oscuro. Tu sonrisa de loca. Pues sí, tenemos marcado el camino, estamos, pasamos y desaparecemos. Nos traga el vacío, somos él, finalmente. Mientras tú te vistes de princesa. El tiempo te devora, emborráchate, pierde el control, intenta morir, burla el destino. Vestida de princesa, siempre. El tiempo, loco, bestial, nos tritura. Tardes de verano, azul, calor, agua, vino. Padre Nuestro. Eres perfecta, y te morirás. Tierras planas de Castilla. Media luna. Mi cerebro verde, espuma, de amor en mí. Morirás, ¡sí, puta! Todos tenemos el tiempo contado.Ropita de verano, terracitas de primavera, alcohol. Ceguera; terracitas de primavera. Olor a mar. Tu belleza. Azul infinito, tu belleza. Está lloviendo. Sangre, piso el barro mezclado con sangre que casi no se ve pero sé que está ahí por el puto olor. Con un cuchillo muy afilado trazo una puta línea en mi puto barro. Muy afilado.Lo peor de los mecheros que hacen “clic” y no son de rosca es que no duran un pijo, nada, no duran nada; los de rosca sí, éstos duran bastante y van bien; si hay viento, te pones de espalda a él, y bien, puedes perder el cigarro, bien. ¡Putaaas! Pasarán 1.000 años, dos mil años...Estad alegres y contentos porque vuestra recompensa será grande en los cielos –aquí estáis jodidos y bien jodidos, no hay escape, chavalotes-. (Mt. 5, 3-12)...Desde Las Vegas abrasada a mi pueblo, mi pequeño pueblo; éstas son las palabras: "Diego, mi pequeño Diego". Mi pequeño Diego, mi niño. Ya soy un hombre, pero en todo está esa ternura, esa frase, esas palabras. Soy un hombre, madre, ya soy un hombre. El pequeño Diego no sabe a dónde va, ni sabe por qué vino; pero sí sabe de esa ternura, sí de ese amor. Finalmente todo quedará en nada, todo será nada..., mil años, dos mil. Una brisa fresca, un viento inesperado nos acariciará. Será un alivio, ahí, en ese momento sí creeremos en la vida. Y el calor y el bochorno -infiernos enanos, dañinos, cobardes y cabrones- morirán un momento. Ya soy un hombre, pero en mí aún suenan aquellas palabras, hoy y para siempre, dulcemente. "Diego, mi pequeño Diego"...Salve Puta, tú eres El Mesías.. Han taladrado mis manos y mis pies, y se pueden contar todos mis huesos (¡Joder, me estoy poniendo muy serio…, no sé, no sé!, voy algo más de, así, como de risa, porque sino esto es la hostia de serio, ¡joooder).“No sé quién soy”, exclamó una mujer joven, prostituta, con quemaduras de cigarros en los brazos, con angustia en la cara. Se la llevaba la policía. Ella, en vaqueros y camiseta blanca sucia, sin mangas. Estaba despeinada. Había mucho calor, mucho Sol, la calle era ancha, parecía un desierto. Los policías y ella.Ella decía: “No sé quién soy”. “No sé quién soy”. Y el calor, y el coche de la policía. Mareada, sentada, arrestada, ni lloraba, en la parte de atrás del coche (el coche, el vehículo, el...
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